miércoles, 9 de julio de 2014

Cinema-Verité



Rouch y Morin quieren hacernos reflexionar sobre nuestras vidas citadinas, rápidas, centradas en sobrevivir, en las que, quizás como Marilou, perdemos, quizás de manera “sana” y no visiblemente perturbada, la conciencia de nosotros mismos, siendo el cinema-verité la forma en que volvemos a tomar contacto con nosotros mismos al vernos desnudados por nuestra propia rutina, esta vez frente a un ojo mayor, el de la cámara. Así, se nos pide reflexionar sobre los temas de la vida contemporánea en la ciudad: el panoptismo foucaultiano en la fábrica donde trabajan millones de Angelos, la soledad que trastorna a millones de Marilous, el ghetto en el que vivieron y viven millones de Marcelines y Laundrys, la gasificación de las relaciones sentimentales y familiares en la que viven millones de Marcelines y Jean Pierres, la gran interrogante ante sobre si vivir una vida normal, regida por el sistema capitalista de horarios y oficinas o fábricas, que rechazaron millones parejas como la de los artistas, o por la que optaron millones de parejas como la de la familia obrera/oficinista, o millones de Angelos.
El colectivismo versus el individualismo de las sociedades africanas y europeas en el diálogo durante el almuerzo grupal al aire libre. La mirada existencialista ante el estrés, la depresión, la pérdida de sentido ante la despersonalización del sistema fordista, de la producción en serie, del vivir para trabajar. El ghetto nazi, el ghetto africano. Es por ellos que quizás este film es uno de los precursores (sino el principal) de la idea de que “la definición del cine etnográfico como un género documental que pretende traducir una cultura a otra cae por su propio peso y surge la idea de encuentro cultural, de diáologo de mestizaje fílmico”, según leemos en el texto de Elisenda Ardevol, “La búsqueda de otra mirada”.

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