Este film nos ayuda a reflexionar sobre el rol del cineasta,
o del etnógrafo cuando se decide convertir en cineasta. El mismo Rouche, citado
por Fulchignoni, 1989:299, como recuerda Alonso Quinteros en “Jean Rocuh como storyteller de la modernidad
africana”, reflexiona: …”como un
etnógrafo y realizador cinematográfico, casi no hay límites entre el documental
y el film de ficción. El cine es ya la
transición del mundo real al mundo imaginario y la etnografía , la siencia de
los sistemas de pensamiento de otros, es un punto de cruce permanente de un
universo conceptual a otro; gimnastas acrobáticos donde perder un pie es el
riesgo menor”. También sobre la posición del etnógrafo como observador o
participante. De hecho rompe los límites que señala Guber en “El Salvaje
Metropolitano” al afirmar que hay dos enfoques para entender la forma de llevar
a cabo la Observación Participante: según los lineamientos del positivismo
(participar para observar) y el interpretativismo (observer para participar). En
el caso de Rouche, podemos afirmar que por momentos participa para observar y
en otros casos observa para participar, pero no se onforma con tener una sola
forma de aproximarse a sus sujetos.
La última parte del film es la que nos regresa a nuestra posición de
espectadores, allí donde tenemos necesariamente una reacción ante el hecho de
habernos identificado con los actores sociales que en ningún momento fueron
presentados como actores de ficción, y sin embargo sentimos como en una
actuación demasiado “verdadera”, demasiado nuestra.
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