Podemos responder a quienes, en el campo de la investigación de mercado y
la publicidad -que, varias décadas después de la filmación de esta película, se
aplica hoy en el Perú- critican nuestras intervenciones en visitas etnográficas
a hogares (in-homes) o a compras acompañadas alegando cuán falseada puede estar
la información que el entrevistado nos entregue a sabiendas de que somos un
elemento extraño y que nos encontramos compartiendo su vida por un mero
intercambio económico, registrando información a nuestro beneficio. Es
altamente probable que el entrevistado varíe su consumo sin importar cuán
simpáticos seamos con él, con tal de darnos una imagen de mayor prosperidad
económica, unión familiar, educación o cultivo emocional.
Sin embargo, esa misma “mentira” nos habla sobre él mismo, y toda la
información que nos entrega por omisión –ese niño que reclama su sangrecita
cuando la mamá nos dijo que lo alimentaba con Gerber, ese abuelo borracho que
de improviso sale de su cuarto- nos dicen mucho más que un robot que no se
inmuta ante la presencia de quien le pide compartir su vida.
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