En primer lugar, Marceline, la entrada a este documental. Marceline es
una joven adulta judía que trabaja en una agencia de investigación de
psicosociología aplicada. Vivió el holocausto nazi en su niñez y fue separada
de su familia, siendo deportada junto con su padre a un campo de concentración.
En una toma en que se sincera sobre su vida amorosa se hace un close up al
tatuaje en su antebrazo donde se especifica su código de prisionera. Marceline
luego es unida a otro joven, Jean Pierre, un estudiante francés más joven, de
20 años, que vive solo en una buhardilla. Los cineastas nos presentan primero a
Marceline en su trabajo, entrevistando personas en la calle con un micrófono en
compañía de otra chica.
Luego nos presentan a Jean Pierre en su buhardilla. En otro momento,
aparecen ambos, Marceline y Jean Pierre, en el mismo espacio conversando con
los realizadores. Jean Pierre había
previamente contado cómo sus inquietudes políticas –un joven universitario que
vivió el Mayo del 68- se vieron diluidas por su relación con una mujer con
quien tuvo un ensayo de vida en común. Es en el momento que lo vemos con
Marceline, cuando ésta cuenta, progresivamente ofuscada, que esa mujer en la
vida de Jean Pierre fue ella misma.
Termina muy triste, llorando suavemente –la cámara baja a sus manos
cuando comienza el llanto y se enfoca en cómo se frota los dedos- contando cómo
quizás fue ella quien impidió que Jean Pierre se desarrollara en sus intereses
políticos. Finalmente vemos un plano completo de Marceline caminando por la
Plaza de la Concordia, inusualmente poco transitada. Es ella sola, caminando
con un maletín pesado, en una toma de perfil, hablando de cómo se encontró con
su padre en el mismo campo de concentración durante la Segunda Guerra Mundial.
De cómo el oficial de las S.S. les separó golpeándola a ella, de cómo él le
dijo que se verían los domingos, pero que él ya no regresaría más, mientras que
ella sí porque era joven. Luego otro plano, en claroscuro, frontal, de
Marceline caminando oscurecida por las sombras de un túnel, terminando de
contar la historia de su retorno a París, el reencuentro de una familia que
vagamente la reconoce, y la nostalgia de su padre, al que llama “papá… papá…”.
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