miércoles, 9 de julio de 2014

Resumen



Como resumen los realizadores al final, la reacción del público parisino se decanta en dos vertientes: quienes creen que es una película impúdica porque los protagonistas “no mostraron vergüenza de mostrarse tal cual”, o quienes creen que es una película farsante, pues trata de mostrar personas actuando con naturalidad cuando tenían una cámara al frente que no les dejaría hacerlo en principio. O no son creíbles, o son demasiado sinceros. Los cultos parisinos (que tienen a Descartes como lectura del metro –uno de los hombres entrevistados al inicio por Marceline- o leen sobre Danton como lectura en la mesa de noche –el obrero Angelo) no pueden soportar esa noción de desnudez emocional, pues gente como Marilou “nos contó demasiado, se abrió demasiado”, y la censuran muy educadamente como la señora que declaraba “no tener, disculpen ustedes, ninguna intención de conocer a las personas que han aparecido en este film”. Por otro lado, en la misma línea científica de búsqueda de la verdad cartesiana, no conciben que se presente como fuente documental la “actuación” de la vida cotidiana de la persona frente a una cámara. Rouch defiende vivamente el nivel de realidad de la amistad que se crea entre Angelo y Landry en la escalera “frente a nuestros propios ojos”, y el mismo Angelo declara que “cuando empecé a hablar con él (con Landry) no veía las cámaras: sólo me interesaban sus problemas”.
Esta película se filma años después de la publicación del libro de Erving Goffman, “La presentación de la persona en la vida cotidiana” (1959), y fue influida por la revelación de cómo usamos personajes para presentarnos ante la sociedad en tanto ésta se constituye como nuestra puesta en escena. Teniendo esto en cuenta, la vida filmada es tan impúdica como puede ser la vida real (El estado de depresión y estrés de Marilou existe en su vida tanto ante cámaras como lejos de ellas, y ella busca la mirada de la cámara porque busca un interlocutor ante quien compartir ese estado), y la filmación de un momento de desarrollo en las relaciones sociales (como la formación de la amistad entre Angelo y Landry, o la narración del fin del amor de Marceline y Jean  Pierre), dentro de su franqueza y honestidad, pueden lucir tan torpes y artificiales como un extraño que asiste a una reunión donde le pide a dos desconocidos que acaban de trabar amistad, que se presenten el uno al otro ante este extraño.
Y aun si todas estas emociones y relaciones fueran inducidas a los “actores”, es afirmable que, aquello que puedan decir o hacer ellos mismos conciente y racionalmente sobre esas emociones y esas relaciones, es tan solo una muy pequeña porción de la información que su lenguaje corporal y las palabras elegidas, por mencionar dos aspectos, nos dejan ver como parte de la totalidad de la información producida y registrada por la cámara.

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